Editorial

Desde que la ciencia aplicada desarrolló formastécnicas para intervenir en la vida y “mejorarla”, un conjunto de predicamentos que no existían antes y que van desde las manipulaciones genéticas a la despenalización del aborto y la eutanasia, han creado un largo debate entorno a los límites en los que esa manipulación de la vida es posible. Para ello, el mundo humano ha creado una nueva palabra que se adjunta a la que en los inicios de la ciencia se denominó biología, la “bioética”.

En el presente número, los que hacemos Conspiratio nos hemos plantado de cara al fenómeno para interrogarlo. ¿Realmente se puede hablar de ética frente a una realidad que en sí misma, por su manera de definir la vida, un bios abstracto, niega cualquier posibilidad de limitar su manipulación y de generar una verdadera ética que sólo puede darse entre personas y en una relación carnal entre un yo y un tú? ¿La Iglesia, al intentar debatir en los términos en que la biología define la vida para defenderla, no incurre también en una forma que traiciona el espíritu del Evangelio y de la Encarnación y en hacerse cómplice de lo mismo que intenta combatir, al grado que en su defensa de la vida ha terminado por ser derrotada por las concepciones y los poderes modernos? ¿Cómo volver a pensar la vida de manera ética y desde un pensamiento verdaderamente evangélico?

Dos posiciones al respecto han surgido de los miembros de Conspiratio. Una que cree que es posible defender la vida y limitar sus manipulaciones en los términos en los que la ciencia lo establece, sin por ello fracturar la concepción de la vida evangélica que busca preservar la Iglesia; la otra, no en oposición, sino en un sentido más radical, cree que entrar en ese debate no sólo fractura el sentido evangélico de la vida, sino que esa misma fractura se encuentra ya contenida en la manera en que la Iglesia intentó preservar la vida administrándola a través de instituciones caritativas, cuyo rostro secular son las diversas instituciones de servicio que, mediante todo tipo de manipulaciones, pretenden administrar la vida y mejorarla.

Con estas dos posiciones hemos confeccionado el presente número de Conspiratio. El tema es inmenso y apenas pretendemos en esta entrega demarcar los límites de un pensar desde las fuentes misma del Evangelio y de otras tradiciones. Pensarlo desde allí, desde esa relación yo-tú que vino al mundo con la Encarnación y que se manifiesta con otros rostros en otras tradiciones, es de alguna forma volverlo a pensar desde una fuente fundamental que siglos de malversaciones han traicionado.

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