El peso global

Por Javier Sicilia

Cada calle es la misma

aquí, allá, en Londres o en Marruecos

cada calle es la misma,

como si todo lo distinto

se hubiese unificado

en una larga línea sin substancia,

en una larga línea sin memoria

extraviada en el tiempo,

cada calle es la misma,

y uno se pregunta,

caminando en su asfalto,

aspirando en su diesel,

uno se pregunta

en esta densa atmósfera católica

¿dónde quedó el arriba y el abajo,

dónde el fin y el principio,

dónde el cosmos abierto

como una ávida herida

que mana por los ojos?;

¿dónde un lugar, un sitio,

un cielo y un infierno

que orienten la memoria,

sino la misma calle en todas partes?

¿Y la Iglesia,

la carne de sus fieles,

el ya pero aún no

donde andamos a tientas

como una tribu en marcha,

un rebañito blanco en las manos del Padre

paciendo entre veredas que recuerdan su nombre?;

¿dónde quedó la Iglesia,

la alegre contingencia

que la calle somete a su control simétrico?;

¿y la casa del Padre,

las mil habitaciones en la casa del Padre?

En los charcos, a veces,

las nubes se fracturan

y repentinamente un fragmento de cielo se refleja,

y sobre un árbol que arde de verde entre sus llamas

las aves como notas sobre el papel del día.


Anuncio

Anuncio

This entry was posted in FEED. Bookmark the permalink. Trackbacks are closed, but you can post a comment.

Post a Comment

Your email is never published nor shared. Required fields are marked *

*
*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Spam Protection by WP-SpamFree