Conocí a Eduardo Langagne (Ciudad de México, 1952) hace apenas unos meses. Confieso que había leído muy poco, o casi nada, de su obra. Tenía en mi poder el libro Donde habita el cangrejo (Conaculta-Verdehalago, 2003), con el que obtuvo, en 1980, el Premio Casa de las Américas. He de confesar también que el volumen no me satisfizo del todo: noté un cierto tono experimental que quizá en ese momento no comprendí. Por alguna extraña circunstancia el libro terminó extraviado. Pero el destino quiso, como dije antes, que conociera al autor en persona y que, casualmente, leyendo poemas en la red, diera con uno de sus más recientes trabajos: El álbum blanco (Colibrí, 2004). “La vieja fotografía”, texto que abre el volumen, me atrapó desde el primer momento; sobre todo, por su musicalidad y su tono evocativo, de una marcada nostalgia, que recorre los meandros de cada verso. Descubrí que Langagne era un poeta hecho, dueño absoluto de su oficio, y me quedé en El álbum blanco durante algunos días hasta que, tras una breve charla, el autor me obsequió un volumen impreso.
Posteriormente adquirí, en una librería de viejo, y por casualidad, Cantos para una exposición (Joaquín Mortiz, 1995), con el que Langagne obtuvo en 1994 el Premio de Poesía Aguascalientes. Lo leí apresuradamente, porque en esos días conseguí, nuevamente gracias a la generosidad del poeta, Lo que pasó esto fue (La Cabra Ediciones, 2009)…(Leer más en el Blog de Publicación)
Por Ibán de León
| Información del Artículo |
![]()
Artículo obtenido de Conspiratio 08 (click para ir al número 08) Más información en el blog de Conspiratio (click para ir al Blog) Compra nuestra revista llamando al 9150 1462 o en www.jus.com.mx. |





